El oficio

Piezas de loza antes de decorar

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La loza

Barro, fuego y tradición en cada pieza.

Terracota, loza, gres y porcelana son cuatro formas de entender la cerámica, y todas nacen del fuego. Según la temperatura de cocción, que va de los 700 °C a los 1.450 °C, cada material toma su carácter propio.

La loza se cuece a temperaturas más suaves y es la técnica de la cerámica carmelitana, un oficio artesanal que desde finales del siglo XIX llega a la mesa y al hogar.

Cada pieza la termina el fuego: ese es el último toque de la mano del ceramista.

Jarra de loza formada, antes de pintarla

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Formación de piezas

Formas precisas, decoración pintada a mano.

Cada pieza se forma con torno de tarraja y moldes, técnicas que dan formas equilibradas, útiles y hechas para el uso diario.

El toque artesanal llega después: la decoración se pinta a mano, y en cada trazo queda la huella de quien la hizo.

Paso 3 / 4

Decoración a mano

Todo empieza con un plato blanco que la maestra decoradora revisa con sus propias manos, hasta estar segura de su lienzo. Después llegan las pinceladas, rítmicas y seguras, que dan forma a flores, sépalos y hojas. Al final, con un pincel finísimo, traza líneas y puntos que rematan cada detalle.

Ninguna decoración se repite igual: cada plato lleva el pulso y el tiempo de quien lo pintó.

Puesto de vajilla terminado con el diseño Rosal

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Bajo esmalte

Nuestra loza carmelitana se trabaja con el bajo esmalte, una de las técnicas más exigentes de la cerámica. Primero el barro se cuece suavemente para que absorba el color. Después se decora a mano con trazos fluidos y, al final, se baña en esmalte y vuelve al fuego.

De ese proceso nace el craquelé, esas finas grietas que hacen única cada pieza. Son la firma del fuego y del trabajo hecho a mano.

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